Every project at Bolsón begins with direct engagement with discarded plastics. We experiment, fail, document, repair, and try again. The knowledge produced through this process is shared openly through manuals, letters, exhibitions, workshops, essays, and field notes, allowing techniques to evolve beyond our studio and become part of a broader material culture.
Sensorial Sorting or SOME plastics
Material
LDPE (4)
Translúcido, aspecto ceroso
Muy suave y flexible
Suave, poco ruido
Se estira ligeramente antes de romper
HDPE
Opaco o semitranslúcido
Más duro y “seco”
Sonido sordo
Se dobla muchas veces sin romper
PP
Opaco o translúcido
Más rígido y ligero
Crujido más agudo
Mantiene la forma.
PVC flexible
Brillante, aspecto “gomoso”
Más pesado y elástico
Casi no cruje
Sensación de útiles
PET (1)
Muy transparente y brillante
Duro y liso
Crujido fuerte
Mantiene la forma
Tiempo de híbridxs
Era un gran rancho electrónico
Con nopales automáticos
Con sus charros cibernéticos
Y sarapes de neón *1
De entre los materiales que han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia, el plástico llegó tarde a la fiesta; mientras que el barro, la madera, la piedra y el metal ganaron su lugar a fuerza de manos sucias y golpes de martillo; mucho antes de que llegaran los polímeros. El plástico, siempre ha estado mediado por máquinas; bajo esa asepsia encantadora que permite sentir que una colilla tirada al piso puede chuparse otra vez o que desaparece cuando lo lanzamos al hoyo infinito del basurero.
A veces me pregunto por qué estoy escribiendo sobre plásticos; nunca sospeché que me adentraría en esto. Si alguna vez se me encargó una misión cósmica, seguramente la perdí entre las llaves y los recibos del súper. Pues al día de hoy sigo recogiendo piezas sueltas de lo que podría o no tener sentido, como quien junta tornillos en un cajón que ya no cierra. Y, aunque no necesariamente comulgo con las letanías moralistas sobre salvar al planeta, me sostengo. ¿De dónde? De la realidad, que la agarro como a un animal bravo, de los pelos; mientras atravieso este valle que llamamos vida civilizada. No me bajo de mi bestia aunque no sepa a dónde vamos.
Me involucré en esto de manera casi natural: por la curiosidad creativa, por cierta pretensión que nunca admito, por un vínculo amoroso y porque nací en la era del plástico. También por un fetiche extraño hacia los objetos inflables y por una educación de artesano que me dejó ilusionado desde niño con volver a palpar lo que hago sin preguntarme nada más.
Trabajar con residuos no se trata de perder el asco, sino de dejar de mirar tanto hacia arriba, donde están las grandes promesas, para mirar hacia al frente y abajo, donde yace todo lo que desechamos. Ahí, entre lo roto y lo pisoteado, las cosas descansan con una suerte de dignidad involuntaria; pero acumulan polvo, se deterioran y, de pronto, ya no pueden regresar: se volvieron suciedad.
Así es como se sella el destino de lo que nadie regula y así es como he tratado de entender la naturaleza del residuo sólido. Lo observo como si fuera una nueva categoría ontológica: algo que existe, pero que a nadie le importa; a esto lo llamo yacer. Es una forma de ser privada de reconocimiento; quizá geológica, quizá cósmica, definitivamente anónima; que una vez privada de sentido comienza un letargo degradante que le margina cada vez más lejos.
Como contrapunto, está lo sagrado: el estado de lo que tiene propósito, donde un material deja de ser solo eso y entra en contacto con nuestras ideas más elevadas, nuestras fantasías divinas, o lo que sea que consideremos sublime. Una especie de promoción de rango, cortesía de la humanidad.
Había frijoles poéticos
También garbanzos matemáticos
En los pueblos esqueléticos
Con sus guías de pedernal
Era un gran tiempo de híbridos
De salvajes y científicos *2
Esta canción de Rockdrigo que acompaña al texto me pone a pensar en como esas dicotomías se tensionan en una colección de imágenes que dinamizan al cliché folclórico dentro de clichés futuristas generando así una energía absurda de identidad forzada tipo campaña política para delatar a la modernidad tormentosa.
Cuando era pequeño me gustaba ser moderno, ahora me hace sentir una vergüenza rara, como si por el simple hecho de formar parte de la civilización tuviera medio cuerpo ya en el infierno, mientras la otra mitad corre en círculos preguntándose si hay una salida que no implique saltar al vacío. Estoy contaminado y para los modernos estoy muerto. He encontrado un mundo inverso de lo roto y lo que ha perdido su vigencia, de aquello que sirvió pero ya no; ahora estoy aprendiendo sus maneras.
Los límites de la dualidad Yacer / Sagrar se convulsionan en la forma, cuando se encuentran la voluntad y mandato contra la resistencia contextual. Hemos encontrado alianzas muy exitosas para conseguir nuestras victorias transformando a la naturaleza, pero nuestro compromiso con los usufructos es bastante efímero. En el plástico invocamos al material más dócil del planeta a que trabaje para y por nosotros, para obedecer y encarnar nuestros sueños mas salvajes; hasta nuestra retórica. Y de ahi repetimos una y otra vez mientras el plástico se multiplica exponencialmente. Es tan bueno que lo hacemos todo el tiempo.
Fuimos modernos y en el camino olvidamos lo que sabíamos hacer, hemos perdido la conciencia y no podemos parar.
En la vil penetración cultural
En el agandalle transnacional
En lo oportuno norteño-imperial
En la desfachatez empresarial
En el despiporre intelectual
En la vulgar falta de identidad 3
Si bien el primer humano pudo estar hecho de arcilla pero el último estará relleno de plástico.
Norberto Miranda Feldhahn
Guadalajara, Jalisco, 2026
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1 Tiempo de Híbridos, Rockdrigo González, ca.1983
2 Tiempo de Híbridos, Rockdrigo González, ca.1983
3 Tiempo de Híbridos, Rockdrigo González, ca.1983
Tiempo de Híbridxs II
Desde esta crisis busco mostrar un mundo ficticio de la empatía radical. Me considero un promotor de la estética de la reparación, del cuidado y de la confianza. Pero esta claridad no existía en un inicio; considero que es posible llegar a una finalidad sensible inocentemente, a veces pretendiendo, a veces fallando, a veces por suerte y otras por una especie de tino providencial; todos los caminos sean bienvenidos si nos arriman un poco al estado de replanteamiento que requiere el mundo, en medio de sus estertores humanos.
A lo largo de esta prolongada inmersión, lo más complicado como entidad creativa es restringirse y moderarse. Me refiero a buscar una sintonía específica y apegarse a lo que parece limitar y encasillar el trabajo propio y colectivo, sobre todo cuando las ideas son tan diversas, tan prometedoras y entusiasmantes. Solo así es posible conseguir una lectura más o menos clara del trabajo realizado, porque entre más antojadiza es una práctica, más difícil resulta su lectura. Para diversificar y abarcar resulta más efectivo despertar la chispa en los demás para que busquen un propio camino de los millones de caminos posibles.
Esto describe el espíritu de esta publicación: servir como chispa para encender las curiosidades que el lector pueda tener; explico mi caso particular a continuación.
Creciendo en la Ciudad de México, en una cultura profundamente mestiza y a la vez fragmentada desarrollé un fetiche por la arquitectura informal, el diseño y arte anónimos que tiene la cultura popular. Una especie de hiperreproducción silvestre de imágenes, colores, formas y mitos que de manera manual encuentran expresiones materiales, en cerámicas, bailes, vestidos, músicas, circos, calles y todo aquel ámbito institucional que a manera de apropiación improvisada manifiesta una capacidad de asimilación cultural ultraveloz que tenemos en México. Así como poseemos el espacio público, hemos sido capaces de entender y culturizar todo aquello que cobre relevancia o nos aqueje.
Bajo este signo, hoy sin nombre he crecido y alimentado una afición por todo aquel dispositivo nómada que acciona esta dinámica de digestión cultural. Un intercambio directo sin jerarquías que permite identificarse desde lo propio hasta lo público sin más que aquel modesto mediador que actúa, canta, pinta, y comparte su arte, siendo el médium del surrealismo nacional.
Los inflables brincolines han sido desde pequeño una fascinación que atesoro, las carpas de tacos, los circos y desde que tengo razón sobre mis búsquedas creativas he querido hacer espacios que hablen con las personas en las calles, lo que me llevó a hacer museos inflables desde el 2015, dispositivos itinerantes funcionales que permitían el acceso a contenidos específicos, de carácter lúdico didáctico. Capaces de hacer todo lo que la institución no estaba logrando. Hablar con la gente. Esto creó en mí una misión muy clara de generar encuentros inmersivos y análogos con contenidos.
A pesar de algunos intentos previos por tomar caminos materiales distintos, mi apego a la factura industrial me mantuvo dependiente de lo que el PVC puede hacer. Y no fue sino hasta los tiempos del COVID-19 que forzosamente tuve que replantear mi práctica. Debido al desempleo en el campo cultural y con ayuda de algunas convocatorias y apoyos gubernamentales de la secretaría de cultura pude emprender una búsqueda por una nueva “materialidad”. Tuve que tomar en mis manos la tarea completa de producción a partir de mis posibilidades; que distaban de mis expectativas y de mis planes. Al inicio yo quería dar con un residuo material que se relacionara inmediatamente con lo inflable, flotis, donas salvavidas, cámaras de llantas, etc. sin saber que se trataba de materiales completamente distintos on sus grados de especialización que me costó trabajo entender. Frustrado y decepcionado tomé aquello que tenía a la mano, que despreciaba por vulgar o por común, y me puse a trabajarlo, para descubrir en el PEBD un mundo de posibilidades que hasta la fecha no he terminado de explorar.
Dentro de estas acciones de autocontención, la más importante fue la de apegarme a un solo tipo de desecho, y sobre todo a una sola fuente de desecho. Esto permitió que cada acción, cada descubrimiento, cada logro y fracaso se registrara dentro de una cantidad limitada de variables. Solo dentro de estos límites podrían ser comprensibles los resultados obtenidos y aplicadas las nuevas decisiones que abarcan una amplia gama de actividades, desde el acopio, triaje, traslado, tratamiento, acondicionamiento transformación, utilización, comunicación, comercialización, venta y envío, por mencionar las más destacadas.
Cada “producto” era una especie de prototipo de diseño que marcaba un camino único dentro de ese camino, y los errores podían ser muy desalentadores, pero al menos todo el conocimiento se acumulaba, solo por tomar la decisión de ser fiel a una fuente de material. Estos ciclos creativos de romantización y desencanto, poco a poco han ido acumulándose un repertorio de objetos, técnicas y materialidades base para un relato nuevo; para la reformulación de nuestra relación con el plástico.
El plástico azul que utilizo primordialmente proviene de los cultivos de plátano de Cihuatlán, Jalisco, particularmente del Rancho la Vena, donde la familia Ashida Cueto me ha abierto sus puertas con el interés de realizar buenas prácticas agrícolas. Aquí otro factor importante es el humano que depende de una relación interpersonal y negociaciones constantes que pueden facilitar o complicar los procesos desde la base.
En el caso de los plásticos transparentes que usamos, la mayoría provienen de envolturas de colchones recolectadas en la calle y con amistades, otras de envoltorios de plásticos de mayoreo, o de paquetes de botanas en tiendas. Los colores provienen de banderas de plástico picado, manteles de fiestas infantiles y bolsas de un solo uso de LDPE (4) la mayoría donadas o recolectadas personalmente. También plásticos negros que son abundantes en la construcción, y cualquier tienda de mayoreo.
Todo el trabajo que inviertas en dignificar a un material dignifica tu trabajo en la misma proporción.
Algunos elementos que trabajamos están viviendo su segundo ciclo de vida, a partir de su rehabilitación como objetos utilitarios o artísticos. También hay de tres vidas: Parten de elementos básicos previamente utilizados en otros eventos culturales. Y existen otros más que se producen a partir de la reconfiguración de proyectos que cumplieron su tercera vida util. Esta cuarta vida es mi récord personal de circularidad, sin embargo se podrían muchas más. Puede suponerse que esta circularidad interna que tenemos al retener el material en nuestros talleres y como agentes culturales ralentizan mucho el proceso circular, sin embargo permiten encontrar otro tipo de negociaciones con los clientes que abren posibilidades más allá de la adquisición de bienes diseñados, abriendo posibilidades de renta, trueque, y colaboración que tienen mucha resonancia local, muchos de estos caminos resultan en una comunidad mas grande, así como de un involucramiento creciente en actividades disidentes de la producción creativa neoliberal.
Esta exploración profunda resulta en una producción casi monomaterial; específicamente de LDPE (4) que ha sido termoformado con técnicas mixtas que ocupan aire, cautines y planchas calientes, permitiendo trabajar manualmente proyectos de diseño transdisciplinar abordando diferentes escalas y elaborar desde estructuras neumáticas envolventes, mobiliario, iluminación, objetos y accesorios de moda. Muchos procesos han ido evolucionando técnicamente, y cuentan con un gran potencial de mecanización aún por desarrollar.hacemos consciente corremos el riesgo de sucumbir ante su creciente caudal.
NM
Guadalajara, Jalisco, 2026